El 8 de enero de 2026, apenas saliendo del periodo de fiestas de fin de año y en la cúspide del periodo vacacional, nos contactó la periodista Marita Alonso, de la sección ICON de El País, para preguntarnos por nuestras perspectivas sociolingüísticas y feministas del uso del término ‘pareja’ en relaciones heterosexuales.
A varias de nosotras, la solicitud nos tomó en medio de un estricto compromiso de descanso durante las vacaciones, por ello, no pudieron unirse a la respuesta colectiva. Sin embargo, Denisse y Silvia habían empezado su ciclo laboral, y con gran entusiasmo colaboraron en pensar colectivamente las respuestas al entretenido cuestionamiento que nos planteaba Marita Alonso.
La entrevista a Indisciplinadxs fue parte del trabajo de Alonso para su artículo No diga esposa, diga ‘pareja’… A continuación, presentamos las preguntas y respuestas íntegras, en las que se hace evidente no solo nuestro entusiasmo al contestar, sino el carácter colectivo de nuestras respuestas. Esperamos que lo disfruten tanto como nosotras disfrutamos pensar y responder en conjunto.
Marita Alonso: Hay quienes creen que el uso del término es habitual en espacios que requieren un lenguaje gender-neutral, acuerdos sin necesidad de matrimonios de por medio, y una manera de dar nombre a las relaciones basadas en la igualdad en lugar de en roles. ¿Lo percibís así?
Con respecto a la primera parte de tu pregunta, sobre si el término es habitual en espacios de lenguaje inclusivo o de género neutro, si bien el término aparece recomendado en guías de lenguaje inclusivo, como lingüistas no podemos afirmar que el término se esté extendiendo por esta única razón. Pareja es un término común que ha coexistido con otras formas de nombrar las relaciones, por lo cual puede ser utilizado por distintas razones, y habría que observar la posible relación entre un mayor uso de lenguaje inclusivo y el uso del término en particular. Sin embargo, sí es un término que visibiliza la realidad actual de la sociedad, pues pareja no prevee cómo tiene que estar formada la relación, es decir, es un término abarcativo que permite referirnos a una relación amorosa sin tener que dar por preestablecidas el sexo o la identidad de género de quienes conforman la pareja.
Sobre las relaciones basadas en igualdad, la idea de “par” (en pareja) puede poner énfasis en una relación horizontal. Un término tiene efectos centrífugos y centrípetos: primero, fuera de la relación, la función social constituye o crea una categoría social y transforma las representaciones y las conductas que se tienen hacia ese término; pero a lo interno, el término también transforma las representaciones que la persona que lo usa tiene de sí misma, y por ende, también las conductas, de manera que se parezca cada vez más a lo que ese nombre describe, es decir, hacerle justicia al nombre por medio de las conductas. Adoptar el término pareja como el nombre por el cual una relación se describirá puede tener esta intención de crear una categoría social diferente a las pre-establecidas con roles pre-establecidos también, de manera que no solo indica a la sociedad que las dinámicas dentro de la relación son diferentes, sino que a la vez se recuerdan a sí mismos que sus acuerdos sexoafectivos son diferentes a los tradicionalmente esperados. No obstante, es importante saber que los cambios hacia una relación igualitaria en cuanto a roles dentro de la pareja no se dan únicamente por el nombre, sino que la manera de nombrar opera en conjunto con múltiples esfuerzos individuales, colectivos y con políticas de igualdad de género que han venido dándose a lo largo del tiempo.
Marita Alonso: Otros creen que «pareja», aunque es un término que a algunos les resulta rígido, ayuda a no infantilizar a las mujeres y que mientras que mujer y novia acarrean expectativas como los cuidados, el apoyo y las labores emocionales, pareja, pese a no eliminar tales dinámicas, sí supone un intento de salir de esas fórmulas… ¿Qué opináis?
Nos interesa empezar esta respuesta con la idea que mencionaste de que “es un término que a algunos les resulta rígido”. Nos trae a la mente el término gramáticas íntimas de Anthony Webster. Con este término Webster hace referencia a esos usos del lenguaje que se sienten bien en tu cuerpo, incluso cuando no son “correctos” o comunes. Por un lado, aunque pareja suene rígido porque no estamos acostumbradas a su uso, para muchas relaciones puede ser el término que tenga más sentido o haga justicia a las dinámicas por las que muestran respeto, atención, cuidado y admiración recíproca. Asimismo, aunque en contextos sociales quienes forman parte de esas relaciones utilicen el término pareja para describirse y narrarse, es posible que en lo íntimo tengan otros términos cargados de más afecto, pero que solo hacen sentido a elles mismes y a su historia de amor.
En otras palabras, la rigidez no está en el término, sino en las representaciones e ideas sobre las relaciones heterosexuales. De este modo, si alguien siente rigidez cuando utiliza el término, esta es una oportunidad de autoconocimiento, ¿por qué le causa incomodidad el término? Acá no estamos diciendo que a lo interno todas las personas deban utilizar el término en sus relaciones amorosas, porque al final cada pareja co-decidirá cómo crear una gramática íntima común. Sin embargo, fuera de ellas o para intercambiar con la gente en general, un término como pareja es amplio y es una marca de que le queremos dar espacio a otras personas de poder existir a su propia manera y tomar sus propias decisiones. Al final, es una que demuestra afecto y apertura.
Pensemos que términos como mujer y novia también tienen su propia rigidez, porque están cargados de la tradición y sí acarrean expectativas porque hacen eco a ideas muy fosilizadas sobre cómo debe ser una mujer en una relación. Por ejemplo, hay un merengue que fue muy popular en algunas partes de América Latina en los años noventa que se llama “Te compro tu novia”. Desde el título, vemos cómo se piensa en “la novia” como una propiedad, pues puede ser comprada. Luego, en la letra se exponen muy claramente todas las expectativas que se tendría de quien ocupe esa categoría, las cuales van desde los trabajos domésticos hasta no salir de su casa (“no sale ni a la esquina”) y mantenerse callada (“no habla con la vecina”). Otra canción de esa misma década, pero de España, es “Mujer florero” de Ella Baila Sola, en la que desde la voz de las cantantes se escucha con claridad lo que considerarían que es ser mujer en la relación de pareja: “metidita en casita yo te espero, las zapatillas de cuadros preparadas, todo limpio y muy bien hecha la cama, de mayor quiero hacerte la comida…”. Según la letra de esta canción, la mujer también sería una posesión “quiero ser tu florero”. Este tipo de música en voz de mujeres y hombres de otra época es importante para ver qué tipo de información traen consigo estas palabras, que por su uso común tendemos a considerar neutras e inocuas.
Ahora, pasamos a la otra parte de tu pregunta sobre cómo el término pareja podría ayudar a no infantilizar a las mujeres y cambiar las expectativas que se tienen de ellas en la pareja. Según se ha mostrado desde la sociolingüística, creamos nuestras identidades en la repetición y en el constante re-hacer por medio del lenguaje y otras formas de crear sentido (ropa, maquillaje, gestos, fotos, etc.). De este modo, nuestra identidad no es algo previo y acabado, sino un proceso constante por medio del lenguaje que usamos en el día a día y en el que tenemos la posibilidad de tomar decisiones: ahí es donde radica la importancia en la elección que hagamos de un término, que implica cómo queremos construirnos. Particularmente, aquí pensamos en Excitable Speech o Lenguaje, poder e identidad, de Judith Butler, donde menciona que somos seres lingüísticos para señalar que requerimos el lenguaje para ser, pero que también somos creados por el lenguaje. Optar por términos menos estereotipados para nombrar a la personas o personas con quien una crea acuerdos sexoafectivos sí responde a una intención política de crear dinámicas diferentes dentro de la relación, que permitan salir de fórmulas que imponen un rol de trabajo reproductivo (tales como cuidados, apoyo y labores emocionales) a las mujeres, así como indicar a los externos de la relación que se están intentando estas dinámicas diferentes a las tradicionales.
En fin, tal como afirmas en tu pregunta y como comentamos anteriormente, el término pareja por sí solo no cambia las dinámicas ni podría hacer que salgamos de ellas. El trabajo para construir relaciones más justas y sanas es un proceso largo de autoconocimiento y colaboración. Sin embargo,un término como pareja puede colaborar en ese proceso porque se ubica en “una constelación de palabras” que son parte de discusiones que le dan agentividad a las personas para construir sus acuerdos sexoafectivos en las maneras que se sientan bien, sin tener que reproducir categorías previas.
Agradecemos a Marita por hacernos conversar sobre este tema tan interesante y por su respuesta positiva para que compartiéramos la entrevista completa en nuestro blog.
Autorxs
Sus áreas de interés giran en torno a la sociolingüística, la sociología del lenguaje, y la lingüística crítica, con estudios en políticas lingüísticas, lenguas minorizadas, derechos lingüísticos y sistemas complejos.
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Denisse Gómez-Retana
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Denisse Gómez-Retana
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Denisse Gómez-Retana
Silvia es candidata a doctora en el Programa de Culturas Latinoamericanas, Ibéricas y Latinas en CUNY Graduate Center. Cursó el certificado en Interactive Technology and Pedagogy en la misma institución. Tiene una Maestría en Lingüística y un Bachillerato en Filología Española, ambos por la Universidad de Costa Rica. También se dedica a la narrativa visual y la ilustración.
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Silvia Rivera Alfaro
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Silvia Rivera Alfaro
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Silvia Rivera Alfaro